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La quinta isla

… Yo siempre les he llamado “los otros mallorquines”, pero JuanMa Gómez que ha tenido mucha relación con las Casas Regionales de Baleares, les denomina; “la quinta isla”.

A mediados del pasado siglo, muchos de nuestros hermanos mallorquines, tuvieron que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida; marchar, abandonar sus casas, a sus familias.

Cargaron sus maletas y partieron mar allende, hacía un lugar para muchos desconocido, en el que empezarían una vida nueva.

En la isla se vivían tiempos de miseria para mucha gente, con poquísimas oportunidades para aventurar un futuro prometedor.

La escena se repetía una y otra vez. La despedida con sus familiares queridos, abrazos, besos, lloros.

Las manos abiertas arqueaban un adiós y otro y otro. Unos fornidos hombres, desenganchaban las cuerdas de los bolardos y poco a poco, aquel gigante de hierro se hacía a la mar y a medida que iba alejándose, iba mermando su volumen, hasta que desaparecía por completo. Se diluía con el aire y la sal, se fundía en el horizonte.

Años después, muchos de aquellos pobladores rehicieron sus vidas, la mayoría de ellos regresaron alguna vez con sus descendientes, a visitar su pequeña patria, su roqueta, pero siguen por ahí, pasando el tiempo de su existencia, con sus amigos nuevos, en la tierra que les acogió y, a ellos y a nosotros nos embarga la añoranza.

Muchos de ellos han creado asociaciones para poder reunirse y establecer vínculos. Mantener encendida la llama de su espíritu, del recuerdo de las tradiciones y costumbres de sus pueblos de origen o el de sus padres o abuelos.

Gracias a estas instituciones la memoria no se pierde.

En más de una ocasión he visitado sus Casas Regionales. He escuchado sus nuevas voces, mezclándose con una nueva forma de hablar, un vocabulario, una gastronomía a la que tuvieron que adaptarse, aunque las ensaimadas y las sobrasadas no las han olvidado nunca.

Sus historias siguen conmoviéndonos, nos embarga la emoción al escucharlos contar sus experiencias. Como se habituaron, como se adaptaron a aquellos vocablos y expresiones, a aquellas casas y a aquellos bares y plazas.

Este pequeño espacio, está dedicado a todos ellos, a cuantos viajaron y se aventuraron y hoy siguen recordando que existe una porción de tierra en mitad del Mediterráneo, una isla llamada Mallorca que siempre les espera como una madre, con los brazos abiertos.