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Conversando con el abuelo de un olivo

na Turquessa había acudido a la celebración de un cumpleaños. Un olivo fuerte y vigoroso que cumplía 566 años. Los vecinos de alrededor le trajeron, como es costumbre entre las familias de los olivares, aceitosos regalos y como dice la leyenda, una rama sobre la que se haya posado un mirlo blanco.

Estaba el abuelo, observando la reacción de bullicio entre los adolescentes. Él había cumplido los 875 años, era un olivo sabio y su perfeccionado don de viajar con el espíritu, le permitía notar la presencia de na Turquessa.

– Hola amiga, – le dijo el abuelo –

– Bon dia!, – contestó ella, risueña –

– Habéis advertido mi presencia. Vuestra sabiduría os permite reconocer mi aura, solo por un simple aleteo.

– ¡Sí! Así es. Sé que de vez en cuando te paseas por estos angostos paisajes. Puedo percibir lo que tú llamas, “un simple aleteo”.

– ¿Por qué el aceite de esta zona es algo más dulce?, – le preguntó na Turquessa

– Los navegantes griegos y fenicios se encargaron de sembrar todo el Mediterráneo con nuestras semillas. Aunque según mi abuelo, aquí fueron los romanos quienes estudiaron la orografía de Mallorca, eligiendo la Serra de Tramuntana para dar vida a mis primeros antepasados, porque nos protegería de los vientos y la humedad casi persistente de la zona, da un toque diferenciador a nuestras aceitunas y consecuentemente al aceite que se produce.

Aunque en este caso, al ser una zona más abrupta y a la vez imposible de mecanizar, la recogida tiene que hacerse de manera manual. Este retraso provoca un leve cambio de aroma y sabor en el fruto, restándole algo de picante y dotándole de dulzor. La oliva en latín o la aceituna en arameo y el aceite de Mallorca, están entre los de más calidad de todo el mundo.

Gracias y Feliz día de fiesta, abuelo.