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Contrabando

A veces me dedico a recuperar espacios de la memoria de gente a la que he oído contar cosas y que ni esa ni otra persona, nunca las han escrito.

Acababa la primavera del 46 y  aquella semana, yo sobrevolaba  la Colonia de Sant Jordi y por tercer día consecutivo, dos muchachos agazapados tras unas matas.

Me acerqué y tras casi media hora de silencio, uno le dijo al otro;

Oye Pedro!  ¿Tú no tienes miedo a que nos pillen los civiles?

No te preocupes Tolito.  L’amo en Biel de La Posesión de na Fura,  lo tiene todo controlado.

Se pusieron un pitillo en la boca y comenzaron a fumar.

¿Tienes novia, Tolito?

No!  Solo una amiga ¿y tú?

Sí, pero ahora está trabajando en Tánger para un alto cargo del gobierno español y ella es quien se ocupa de que nos llegue la mercancía.

Me cuenta que están un edificio en la calle Velázquez, en donde tienen una emisora clandestina y que desde allí transmiten los mensajes a sus embarcaciones.

¿Hay contrabando en toda Mallorca? Le preguntó Tolito que ese año cumpliría los 17 años.

No lo sé, creo que esta zona es la que ofrece más posibilidades, por diferentes razones. El jefe me dijo que por la proximidad al norte de África y porque  hay posesiones muy grandes  bien resguardadas por una barrera vegetal muy espesa y permiten esconder con facilidad las cargas de mercancía, además de que están muy bien custodiadas.

¿Por qué, si no hay guerra en este país, la gente tiene tantas dificultades para poder comer?

Aquí se acabó la guerra en el 39, pero la II Guerra Mundial todavía sigue y en ella participan casi todos los países europeos. Eso impide que el tráfico marítimo funcione con normalidad en la zona mediterránea.

En España, sigue habiendo mucha miseria y nadie sabe cuando se acabará el racionamiento, ni cuando dispondremos de trabajos dignos.

Muchos de nuestros conocidos, están abandonando la isla y marchan rumbo a las Américas, sin saber si allá, va a ser como lo que dejan aquí, o peor.

Pero tú no te apures. Hoy llegará tabaco, café, azúcar y aceite y podrás coger algo de harina y posiblemente hoy que se casa la hija de l’amo en Biel, nos den unas almendras que se pagan como el oro.

Oye, Tolito! ¿Cómo te metiste en esto?

Yo no quiero vivir aquí y pudrirme como mis padres y mi hermano que trabajan con un maestro de obras y con el sueldo de los dos, apenas les da para comprar un quilo de harina.  Por eso acepté este trabajo.

Tengo un primo que es contrabandista que consigue autorizaciones de un amigo militar, para transportar género en una camioneta que recoge habitualmente en Ses Salines y lo conduce hasta el cuartel de ciudad. Lo cierto es que con esa autorización, se hace más de un viaje y antes de ir al cuartel ya ha parado en su casa, o en uno de sus escondites.

Él me presentó a Emilio, el capataz de l’amo en Biel y este me ofreció una habitación en la casa de los criados.  Siempre tenemos algo de comida.  Pan, tocino, frutas y patatas.

Esta semana me regaló unos zapatos que habían sido de su hermano menor. Les llegó la noticia de que había muerto en unas maniobras militares.

En este medio año, he podido darle a mi madre medio saco de arroz, algarrobas,  patatas y boniatos y 25 pesetas que pude ahorrar y le regalé un cuchillo a mi hermano.

Tras media hora sin dirigirse la palabra, Pedro comentó;

Emilio me ha dicho que cada semana, cambian de frecuencia para no ser localizados por las autoridades, tienen la emisora en un coche que va moviéndose de un lugar a otro y conversan siempre en clave.

A mí me gustaría alejarme de Mallorca y regresar al cabo de unos años. Sé que trabajaré y ganaré mucho dinero para cuando vuelva,  poder ayudar a mi familia. Decía Tolito.

A lo lejos, comenzaba a divisarse una forma de barcaza.

Ya están aquí. Un poco antes de lo previsto, comentó Pedro.

Tolito, apuraba su colilla, admirando la belleza de la Playa d’es Carbò.

En pocos momentos un despliegue de 8 hombres apostados en puntos estratégicos y una quincena, capitaneados por Emilio el capataz.

En media hora, el camión estuvo cargado, mientras comenzaba a ascender un sol radiante.  Aquella mañana habían simulado una llegada de mercancía en otra zona, para distraer a la autoridad y poder trabajar con tranquilidad. Aunque algunos, estaban allí, para apoyar la vigilancia.

Tolito cumplió con sus expectativas. Emigró a Argentina, a Uruguay, a Cuba y acabó en Chile. Ahora es un gran empresario, dedicado al mundo de las finanzas y a su familia. Montó un comedor social para poder ayudar a personas que viven en situación muy precaria.

Cada año asiste a la fiesta; “Horabaixa na Turquessa” y reparte almendras a todos los presentes, para que nadie se olvide de pedir un deseo a mis “xispelles”, cumpliendo con la tradición de que este gesto servirá para recuperar fuerzas y energía.

Na Turquessa.