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A ses fonts ufanes

Aquel día estaba paseando por el bosque de la finca Gabellí, cerca de la ermita de Sant Miquel, en el pueblo de Campanet,. Observé cómo se congregaban cientos de pájaros sobre las ramas de las encinas. Se iban posando uno a uno, luego comenzaban a llegar a manadas y apenas quedaban butacas vacías para los espectadores retrasados.

Alguno de ellos notaba mi presencia, pero sólo podían percibir que había algo desconocido a su alrededor, aunque no advertían peligro y el incomparable acto que estaba a punto de empezar, les producía cierta confusión. Estaban inquietos, nerviosos, ansiosos.

Todos tenían la mirada puesta en un punto fijo; unas piedras ancestrales. De pronto un sonido, una especie de aviso antes de dar inicio al espectáculo. Un acontecimiento musical inigualable representado por el fluir del agua, estaba a punto de producirse.

Un rumor en aquel teatro al aire libre, se miraban unos a otros, temblorosos, expectantes.

Brotó una primera gota de agua y aquellos miles de pájaros comenzaron a batir sus alas en aplausos. Se revolcaban sobre sí mismos, se frotaban con sus picos, se retorcían de satisfacción. La naturaleza de Mallorca acababa de regalarles uno de los instantes más hermosos de cuantos podrían presenciar durante toda su existencia.

Algunos de ellos siguieron el curso del caudal, por el Torrente de Sant Miguel, por el Pla de Mallorca, dejando atrás Sa Pobla, hasta llegar a S’Albufera.

Su canto de alegría se extendía en todas direcciones.